EL ORIGEN DE LAS DANZAS FOLKLORICAS – Carlos Vega – 005

NOCIONES

FORMAS, ESTILOS, SIGNIFICACIÓN

Llamamos bailes folklóricos o tradicionales argentinos, hemos escrito, a todos aquellos que nuestras clases sociales recibieron, acogieron, adaptaron y trasmitieron a las generaciones siguientes, a todos los que sintieron en su forma o en su estilo la imposición de las preferencias y las apetencias socializadas en nuestros centros, a todos los que, por sobre su prístina capacidad de promover la descarga de tensión, el vínculo sentimental, la sensación de arte o la liberación del contorno diario, se cargaron de nueva significación y particular sentido al influjo de los acontecimientos locales.
Los bailes europeos no arraigaron en América sin que sus fórmulas padecieran modificaciones por selección, hibridación, evolución o desgaste, sin que su estilo originario cediera al influjo de las maneras socializadas en cada nación, en cada región, en cada grupo social, en cada reducto de los niveles etnográficos. Por poco que cambiaran las formas y el sentido, por débil que haya sido el carácter de las maneras locales influyentes, las danzas europeas adquirieron nueva fisonomía. A veces resultó poco menos que imposible identificar las modificadas con sus progenitoras, a veces, sobre todo cuando retuvieron su nombre, la procedencia se reveló con claridad.
La danza no se percibe mientras no se ejecuta, es un conocimiento que se realiza.
Se produce en el tiempo, como la música, y así como la línea de altitudes sobre duraciones se concreta en una melodía, las evoluciones sobre pasos esquematizan una forma coreográfica. Esta forma es lo que el danzante lleva consigo en potencia, como se

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